Hay algo desconocido que ahora nos hace felices. Algo de lo que tantas veces nos hablaron, en tanta películas vimos, en tantas canciones oímos. Casi creímos que no existía, que era algo propio de la ficción, algo que servía para comercializar la cultura, para generar best sellers, para los hit parades de cada domingo. Y leímos mil veces revistas que nos decían el cómo. Y escuchamos cientos de canciones sobre esto. Y ahora, que pasa, es tan inefable. Es como algo que siempre conocimos y que estaba adentro nuestro desde el comienzo, pujando por salir a recorrer la ciudad, el mundo, un cuerpo.
Y ahora que sale, no se puede mesurar, medir. Jugamos a un todo o nada y ganamos, todo el tiempo, ganamos. Y si no ganamos, empatamos. Aprendemos a jugar, porque no es lo mismo jugar de a dos. Y en ese juego, nos reímos, cómo nos reímos, nos reímos de todo y tan de todo nos reímos que nos terminamos riendo por nada, por la nada misma. Nos reímos de la forma de los ojos, de los ruidos, de las palabras que usamos, de las miradas, de los otros, de nosotros, de todos, de nada. Gracias por esto. Gracias por todo. De nada, te digo. No hay gracias ni perdón que sirvan en el amor.
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