Hace un mes o dos vengo discutiendo con las tres almohadas de mi cama. Son unas hijas de puta, quien me manda a tener tres almohadas y que encima piensen diferente.
Es muy fácil decir "Consultalo con la alomohada", pero yo tengo tres que parecen idénticas hermanadas pero separadas al nacer y reunidas en mi sommier.
Una es blanda y cómoda, me siento bien cuando apoyo mi cabeza, "serías una buena docente, la parte de investigación y académica es lo tuyo". Cuando me apoyo sobre ella, me imagino dando clases y es como un ansiolítico ingresando a mi sistema nervioso central.
La otra almohada es dura y grande, es la almohada ambiciosa, la que no me deja dormir y a la vez es indispensable en mi cama. Me dice que sería un desperdicio no aprovechar lo que sé de ventas y mi forma de hacer contactos, que tengo que hacer algo. Debo confesar que a veces la callo con un almohadonazo cultural y me pongo a ver un documental.
Y ahí está la tercera almohadita, mucho más chiquita, esa que me viene a salvar cuando todo lo otro anda mal. Esa que es un refugio donde puedo llorar, donde me puedo reir, donde canto sin afinar y escribo sin rimar, sin editar, sin publicar, donde no importa si soy un éxito o si soy una mediocridad, mi almohada preferida donde logro soñar sin exigencias, y donde hay presente sin ausencias, mi almohada para todas las siestas es mi almohada cultural donde descanso de verdad.
Es muy fácil decir "Consultalo con la alomohada", pero yo tengo tres que parecen idénticas hermanadas pero separadas al nacer y reunidas en mi sommier.
Una es blanda y cómoda, me siento bien cuando apoyo mi cabeza, "serías una buena docente, la parte de investigación y académica es lo tuyo". Cuando me apoyo sobre ella, me imagino dando clases y es como un ansiolítico ingresando a mi sistema nervioso central.
La otra almohada es dura y grande, es la almohada ambiciosa, la que no me deja dormir y a la vez es indispensable en mi cama. Me dice que sería un desperdicio no aprovechar lo que sé de ventas y mi forma de hacer contactos, que tengo que hacer algo. Debo confesar que a veces la callo con un almohadonazo cultural y me pongo a ver un documental.
Y ahí está la tercera almohadita, mucho más chiquita, esa que me viene a salvar cuando todo lo otro anda mal. Esa que es un refugio donde puedo llorar, donde me puedo reir, donde canto sin afinar y escribo sin rimar, sin editar, sin publicar, donde no importa si soy un éxito o si soy una mediocridad, mi almohada preferida donde logro soñar sin exigencias, y donde hay presente sin ausencias, mi almohada para todas las siestas es mi almohada cultural donde descanso de verdad.
