Hay días así. Días en los que podríamos encerrarnos en una alacena y ver cómo los demás cocinan, cómo el polvo se acumula, cómo los ingredientes se van terminando. Hay días en los que podríamos sentarnos en la calle, diez, quince, veinte, sesenta minutos sólo a mirar la gente pasar y no pensar más que en qué pasa.
Hay días que recurrimos a ese mirar. Y cuando miramos el contexto se vienen esos recuerdos escondidos en esas alacenas, esos instantes que nunca nos detenemos a recordar.
Y si tengo cinco años y cruzo la calle con mi abuela a alquilar 101 dálmatas, una y otra vez. La noche de las narices frías se llamaba. Si como sugus toda la noche. Si me voy a dormir de nuevo con el pelo mojado. Y si no me duermo sin mi cuento de la selva.
Y por qué mejor no junto bichos bolita en la tierra durante el recreo, por qué no secuestro a una araña en el tupper de la merienda, por qué no compito a ver quién dibuja mejor a pocahontas. Por qué?
Y entonces podría vestirme con pañuelos de mi otra abuela y salir a recolectar agua de la pileta para regar las plantas, y podría hacer que mi hermana se caiga para rescatar a barbies con un bichero. Podría grabar programas de radio sobre Thalía y Amigovios, podría pasar todo un domingo andando en rollers en el parque. Podría competir con mi hermana para ver quién ve primero la película que alquilamos en el videoclub.
También sería lindo coleccionar figuritas, ver Chiquititas, jugar al elástico y a la rayuela, compartir la merienda en el recreo más largo. Esperar el transporte. Ir a cumpleaños con piñatas y sorpresitas.
Podría ser un poco grande también. Podría pasarme la tarea por teléfono, podría estudiar en la traffic, quedar de acuerdo para conectarme con alguien al chat en un horario determinado. Inclusive podríamos juntarnos un sábado a la noche a ver La cosa más dulce o no conocer la letra de la canción de Bacilos.
Más. Más. Estaría ahora mismo como loca pintando frases en mis paredes, pegando el piso con revistas. Estaría recortando, dibujando, creando. Estaría nadando de espaldas al mar muerto, estaría flotando, caminando, volando.
Bueno. Sí algo tienen estos días así, con ganas de encierro y paz es la memoria. Bendita memoria. Qué ganas había de repasar, de recordar.
Hay días que recurrimos a ese mirar. Y cuando miramos el contexto se vienen esos recuerdos escondidos en esas alacenas, esos instantes que nunca nos detenemos a recordar.
Y si tengo cinco años y cruzo la calle con mi abuela a alquilar 101 dálmatas, una y otra vez. La noche de las narices frías se llamaba. Si como sugus toda la noche. Si me voy a dormir de nuevo con el pelo mojado. Y si no me duermo sin mi cuento de la selva.
Y por qué mejor no junto bichos bolita en la tierra durante el recreo, por qué no secuestro a una araña en el tupper de la merienda, por qué no compito a ver quién dibuja mejor a pocahontas. Por qué?
Y entonces podría vestirme con pañuelos de mi otra abuela y salir a recolectar agua de la pileta para regar las plantas, y podría hacer que mi hermana se caiga para rescatar a barbies con un bichero. Podría grabar programas de radio sobre Thalía y Amigovios, podría pasar todo un domingo andando en rollers en el parque. Podría competir con mi hermana para ver quién ve primero la película que alquilamos en el videoclub.
También sería lindo coleccionar figuritas, ver Chiquititas, jugar al elástico y a la rayuela, compartir la merienda en el recreo más largo. Esperar el transporte. Ir a cumpleaños con piñatas y sorpresitas.
Podría ser un poco grande también. Podría pasarme la tarea por teléfono, podría estudiar en la traffic, quedar de acuerdo para conectarme con alguien al chat en un horario determinado. Inclusive podríamos juntarnos un sábado a la noche a ver La cosa más dulce o no conocer la letra de la canción de Bacilos.
Más. Más. Estaría ahora mismo como loca pintando frases en mis paredes, pegando el piso con revistas. Estaría recortando, dibujando, creando. Estaría nadando de espaldas al mar muerto, estaría flotando, caminando, volando.
Bueno. Sí algo tienen estos días así, con ganas de encierro y paz es la memoria. Bendita memoria. Qué ganas había de repasar, de recordar.
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