viernes, 3 de junio de 2016

Guerra de almohadas

Hace un mes o dos vengo discutiendo con las tres almohadas de mi cama. Son unas hijas de puta, quien me manda a tener tres almohadas y que encima piensen diferente.

Es muy fácil decir "Consultalo con la alomohada", pero yo tengo tres que parecen idénticas hermanadas pero separadas al nacer y reunidas en mi sommier.
Una es blanda y cómoda, me siento bien cuando apoyo mi cabeza, "serías una buena docente, la parte de investigación y académica es lo tuyo". Cuando me apoyo sobre ella, me imagino dando clases y es como un ansiolítico ingresando a mi sistema nervioso central.

La otra almohada es dura y grande, es la almohada ambiciosa, la que no me deja dormir y a la vez es indispensable en mi cama. Me dice que sería un desperdicio no aprovechar lo que sé de ventas y mi forma de hacer contactos, que tengo que hacer algo. Debo confesar que a veces la callo con un almohadonazo cultural y me pongo a ver un documental. 

Y ahí está la tercera almohadita, mucho más chiquita, esa que me viene a salvar cuando todo lo otro anda mal. Esa que es un refugio donde puedo llorar, donde me puedo reir, donde canto sin afinar y escribo sin rimar, sin editar, sin publicar, donde no importa si soy un éxito o si soy una mediocridad, mi almohada preferida donde logro soñar sin exigencias, y donde hay presente sin ausencias, mi almohada para todas las siestas es mi almohada cultural donde descanso de verdad. 

No hay comentarios: